Durante la 2ª mitad del año 2010, en México se han preparado una serie de festejos con la finalidad de celebrar los 200 años de Independencia Nacional, y los 100 años de la Revolución Mexicana; Estos festejos no pudieron ocurrir en mejor momento, ya que la situación económica, política y social en México, por demás conocida por nosotros, no es la idónea.
El ojo político fue el 1º en darse cuenta, concibió de diferente manera el entorno nacional, situándolo como punto de apoyo para la generación de “silenciadores” que, bajo premisas de patriotismo y amor al paisano, llevaran a la situación actual, a un plano secundario, relegado intencionalmente de las preocupaciones del gobierno, y que tampoco a nosotros nos ocupa demasiado; Es el fervor a la nación, una excusa para tener algo que celebrar, de entre todas las calamidades que acechan a la República.
El apoyo mediático se ha vuelto para estas celebraciones, un elemento esencial para su masiva difusión y el ensalzamiento gubernamental, inteligente fue, que las altas esferas se dieran cuenta que ellos son los verdaderos educadores del país (los medios), y tomar ese poderío informático como herramienta para conducirnos, -como espectadores y mexicanos-, por el camino de una realidad ficticia, una que no es y nunca ha sido, pero que, gracias también a la propia autosugestión, creemos (o queremos creer), como real. El ya fallecido, (y alguna vez Dueño de Telesistema Mexicano [hoy Televisa]), Emilio Azcárraga Milmo, promulgó una de las verdades que hasta hoy se sigue evidenciando: “Televisa es la televisión del pueblo”, (en sentido peyorativo). Nos presentan una realidad donde el Narcotráfico y todas sus secuelas, la obesidad, la contaminación, la pobreza y el endeudamiento externo, son escasamente abordados, o lo son sólo para recalcar el “esfuerzo” que el Ejecutivo y sus secuaces realizan para su afronta.
El mexicano prefiere el pan y el circo, el teatro y la maroma, que para eso nos pintamos solos, nuestra naturaleza es así, “al mexicano le sobran o los inventa, pretextos para celebrar” (Octavio Paz), y es de ahí que el Bicentenario resulta eficaz y “ganamos” todos: Celebramos como nunca nuestra (in)dependencia, nos sentimos orgullosos de ser mexicano, el gobierno se toma un respiro de todas sus preocupaciones, y los problemas se acallan como por arte de magia, dejan de ser comentados, no interesan y se olvidan unos tras otros.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario